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Los niños ¿un problema?


Por Claudia Castillo

Hace algunos años, en el marco del instituto Oscar Masotta me invitaron a hablar sobre los “niños problemáticos”(*) las especulaciones de entonces en torno a la infancia no dejan de tener vigencia hoy, sólo se agregan nuevos trastornos para nombrar lo que le ocurre a los niños.

En principio habría que decir, que no se si existen en realidad “los niños problemáticos” existen niños con problemas. A su vez habría que poder ubicar cuando un niño tiene problemas o un problema en particular, esto es problema para quién. ¿Para el niño, para los padres o para la escuela?
Tal vez habría que poder discriminar primero de qué clase de problema se trata y si esto afecta genuinamente al niño o no.

En una nota del diario La Nación del verano del 2003, dos psicólogas especialistas en niños y adolescentes se preguntaban ¿cuándo llamar a un psicoanalista de niños?
Si bien tal vez no estoy de acuerdo con todo el desarrollo posterior de la nota, la pregunta es buena y pertinente.

Lo primero que abordaban poniéndolo en cuestión, es el hecho de que en general las preocupaciones por un niño se asocian al calendario escolar. El niño no presta atención, o es agresivo con sus compañeros o tiene dificultades de aprendizaje o se angustia en la escuela, pero como también se enfatiza en la nota “las dificultades no se toman vacaciones”
Entonces, es cierto que la escuela a veces detecta un problema de un niño, problema que tal vez los padres no pudieron o no quisieron ver.

A veces dicho problema es algo ligado exclusivamente al ámbito escolar, a veces excede al ámbito escolar pero los padres ya se han acostumbrado al problema del niño y tal vez dentro del ámbito de la familia determinada cuestión no es un problema.
Esto ocurre con bastante frecuencia con el llamado fracaso escolar, la escuela tal vez valora y pone el acento sobre ciertas metas que en la casa no tienen la misma importancia. Si bien, el niño nace en un mundo de lenguaje que lo antecede, los modos en que un niño hace uso y se incorpora a la lengua del Otro son particulares y hacen a un contexto familiar, el niño es fonetizado (dice el psicoanálisis) en el seno de una familia y seguramente esa familia tiene determinados hábitos, costumbres y usa determinadas palabras. Por ejemplo muchas dificultades de lenguaje solo aparecen como problema en la escuela. Por que tal vez, si la mamá entiende al niño, considera que habla bien. Por supuesto que la familia no es lo único que influye. El encuentro que tenga el niño con determinadas personas y con determinadas palabras que resuenen para él de modo particular será importante.
Por eso, a mi entender, a pesar de toda la desvalorización que pesa sobre el sistema educativo, la escuela tiene el mérito de posibilitarle al niño ciertos “encuentros”, con determinadas personas, autores, referencias, etc. que tal vez en el seno de la familia no hubieran sido posibles. No solo la escuela también la televisión por ejemplo. Muchas veces se critica desde la psicología más superficial a la televisión pero se olvida el universo al que el niño puede acceder a través de la televisión. Un niño puede acceder a saber en La Rioja, en Salta o en Tucumán, sobre lo que hace o que come un niño en Tailandia y mucho más.

Entonces volviendo a nuestro punto específico hay un niño en la escuela que presenta determinado problema: “se distrae”. La escuela pide a los padres que se realice una consulta. Los padres deberán evaluar si están de acuerdo con la escuela respecto a esta manifestación. A veces los padres dicen: “no estoy de acuerdo en que se distraiga ya que pasa horas frente a la computadora y no se distrae” aunque convengamos que no es lo mismo.
Supongamos en que padres y escuela están de acuerdo en que algo pasa y los padres piden una entrevista con un psicoanalista en ese caso habrá que discriminar bien qué le pasa al niño.

Hace unos cuantos años, siguiendo la enseñanza de Arminda Aberastury se les hacía a los padres antes de admitir a un niño en análisis, una anamnesis muy extensa, muy pautada donde se les preguntaba un montón de detalles de la vida del niño, de su desarrollo, de la familia, se les pedía el relato de un día de la cotidianeidad del chico, incluso hasta el relato de cómo pasaba su cumpleaños.
Los analistas más jóvenes que ya no tiene esa enseñanza siguen usando esta forma de entrevista que ha pasado de generación en generación sin saber demasiado de donde viene. Ya no se usa una entrevista tan estereotipada pero es cierto que conviene saber qué quieren los padres cuando traen un niño a la consulta, qué lugar ocupa ese niño en la economía libidinal de esa familia, con qué personaje de la familia lo comparan o lo asocian. A veces eso que la escuela marca o señala como problema no es más que la identificación a un rasgo de algún familiar o sea que dentro de la familia tal vez no es un problema.

Conviene a veces tomarse un tiempo en estas entrevistas, ya que a veces sucede, esto es más frecuente en el caso de las mujeres, que la demanda de tratamiento por un niño es en realidad un pedido de la madre, hay mujeres que sólo pueden hacer un llamado a Otro a través de sus hijos, hay varios ejemplos que puedo darles al respecto.
Por otra parte, muchas veces se ha hablado de la transferencia de los padres en el análisis con niños y es importante, porque de esta transferencia depende la continuidad del tratamiento. J-Alain Miller dice al hablar de la transferencia negativa que esta tiene que ver con la sospecha y esto es especialmente pertinente en las consultas por niños. Por otra parte así como Freud habla de la autoridad del analítico en relación a sus pacientes, es interesante contar con la transferencia de los padres ya que sino ni bien se produzca un alivio sintomático sacarán al niño de la cura.

Tengo la experiencia de haber trabajado muchos años en un servicio asistencial que funcionaba en Buenos Aires dentro del la UBA, dependiendo de extensión Universitaria y era muy común que las escuelas de la zona derivaran niños a este servicio. En algunos casos la derivación no tenía ningún éxito ya que los padres venían y decían:”vengo porque me manda la escuela” y no tenían ninguna convicción respecto del análisis ni ninguna pregunta respecto de su hijo y el tratamiento no prosperaba. Si bien había una admisión, los que trabajábamos desde una orientación psicoanalítica teníamos mucho cuidado de volver a interrogar ese pedido para ver si podía convertirse en un pedido dirigido a un psicoanalista. Paradójicamente los que dedicábamos más tiempo a las entrevistas preliminares teníamos menos deserción después.
Luego retomaré este punto cuando hablemos del síntoma.

Muchos medios gráficos han sacado los últimos años, cantidad de notas sobre distintos trastornos que aquejan a los niños, algunos de los temas, muy variados era el temor de los niños a estar lejos de la casa, la violencia, los niños y el aprendizaje(los chicos hiperactivos) el síndrome de Peter Pan y la lista sigue.
Por qué traigo estos comentarios, tal vez porque en la actualidad todo puede convertirse en un problema, justamente un psicoanalista llamado Eric Laurent habla de una pluralización de la clínica, donde se multiplican los diferentes síndromes derivados de las clasificaciones surgidas de los manuales psiquiátricos DSM III y DSMIV y donde la especificidad de la categoría de síntoma tal como la conocíamos a partir de la psiquiatría clásica y a partir de Freud desaparece. En este sentido, convendría “orientarse por el síntoma” para poder captar lo que en realidad le pasa a un niño. Solo este punto merecería un desarrollo más extenso.
Es interesante, que bajo la forma de nuevas nomenclaturas aparecen viejos problemas o síntomas que había descrito Freud con toda pertinencia. En el caso de los niños conviene por ejemplo volver a leer el caso Juanito, incluso conviene volver a leerlo ya que Freud lo retoma muchas veces a lo largo de su obra, en” Inhibición, Síntoma y angustia”, por ejemplo y también es retomado por Lacan de un modo muy minucioso, en los Seminarios 4 y 5 sobre todo, pero también en otros momentos de su enseñanza.
Otro motor que debe guiar la decisión de atender o no a un niño es la angustia. Hay ciertos niños que han pasado por varias situaciones dolorosas y que sin embargo se angustian "cuando todo está bien". ¿No es el temor a lo que podría volver a golpear desde la realidad lo que angustia? Pero a la vez, no buscan algunos niños volver a pasar una y otra vez por lo que los traumatizó. Cómo metaforiza cada niño los malos encuentros que ha tenido en su vida no depende ni de la prevención, ni de las políticas sociales, ni de los "buenos oficios de la psicología" depende del anudamiento entre el deseo y el goce de cada quien y la posibilidad de que un grito se transforme en llamado dirigido a un Otro que pueda responder, que pueda alojar, que pueda acompañar.
Entonces, volviendo al principio no hay “niños problemáticos” sino niños que , en el mejor de los casos, si se angustian pueden pedir ayuda, y tal vez se encuentren con un practicante que orientado desde el psicoanálisis, pueda responder de otra manera.

Claudia Castillo
Responsable del Módulo de Investigación sobre Infancia del Centro Descartes desde 1992.

(*) Conferencia pronunciada en La Rioja,Los niños problemáticos. Inhibiciones, síntomas y angustia en la infancia. Junio, 2005.

 


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